Publicado en Editorial
Alguien dijo alguna vez que el tiempo es oro. Una afirmación que si bien no es exacta se acerca mucho a la realidad, porque el tiempo no puede recuperarse y en muchos casos su valor supera al del oro.
Esta es una máxima ninguneada hasta la saciedad por las administraciones en sus comparecencias y en la asunción de sus responsabilidades en plazos de obras o situaciones similares.
Un buen ejemplo de ello, pero sólo uno de tantos, lo ponía esta mañana el Consejero de Educación, Juan José Mateos, presentándose en Burgos media hora después de la hora pactada. Se trata de una muestra de falta de respeto inaceptable hacia los profesionales que acuden a sus citas y que tienen a bien dedicarle unos minutos de su tiempo (tan valioso o más que el de un consejero) para abrirle una venta donde espetar su discurso político.
Alguno piensa que baste la excusa para que llegue el perdón por esta actitud intolerable, que suele resolverse saliendo “un poquito antes”. Pero no hay perdón posible que justifique la pérdida del tiempo y la mancha de la falta de respeto y de la educación es evidente, más aún si el consejero es precisamente del ramo educativo.
Por fortuna, durante su comparecencia, en la que a pesar de llegar tarde aún se permitió hacer bromas por aquello de pretender caer bien, el timbre puntual de las aulas del Sagrado Corazón recordaron al señor Mateos que desde pequeños vivimos sometidos, para bien o para mal, a un reloj que debemos cumplir por respeto a unas normas y a un orden. Algo que en la clase política parece no llevarse.
Más sorprendente es aún la actitud del pelota de turno que con tal de salvar las castañas de su maestro y mentor pensando que tal vez algún día el sillón de consejero pueda ser suyo, pretenda defender lo indefendible con actitud barriobajera y desafiantes.
No, nadie es perfecto, por responder a este personaje disfrazado de señor, nadie lo es, pero hay gente que sí es educada y tiene respeto y gente que no.
Nada puede justificar una tardanza de 30 minutos de reloj a ningún cargo público, máxime cuando sabemos que no tuvo problemas de estacionamiento.

Aparcando en línea amarilla, a la entrada de una rotonda, junto a un paso de cebra y frente a un colegio resulta relativamente sencillo ser puntual.
Un nuevo ejemplo este, de la falta de respeto que fue superado con creces en la rueda de prensa posterior donde el señor Mateos y el consejero de Sanidad, Francisco Javier Guisasola dieron un auténtico espectáculo de prepotencia, ignorancia y más falta de respeto hacia la ciudadanía, con juegos de palabras raros, un sentido del humor sin gracia y la ausencia de las explicaciones que se les requería.
¡Bravo!
Oscar Revilla Diez.
Puntual.
Envíar a Digg
Envíar a Delicious
Compartir en Facebook
Ir a Google Book Mark
Llevar a Sphinn
Envíar a Stumbleupon
Envíar a Technorati
Envíar a Menéame
Compartir en Twitter
Llevar a Bitácoras
Envía este post por mail